was successfully added to your cart.

Carrito

El amor siempre acaba ganando al odio

By 26 abril, 2024Varios
de Regina Camps.

La aluminosis está corroyendo nuestra paz social. Y no podemos seguir aplazando un tratamiento. Esta semana éramos testigos de la enésima apología de la violencia psicológica como forma de convivencia en una sociedad moderna.

Por un lado el apodado Evil Jordi Cruz, el matón de colegio de Masterchef, que en un alarde del mejor luz de gas culpabilizaba ante las cámaras a otra víctima más de abuso que decidía irse de donde la tratan a patadas, en este caso un programa en la televisión pública cuyo coste pagamos entre toda la población española. La víctima reivindicó preocuparse más por su salud mental que por decepcionar a los jueces del mismo programa que acabó de hundir a una Verónica Forqué de cuya fragilidad y estabilidad mental fuimos testigos no hace tanto, siendo objeto de burla de sus compañeros de concurso y de media audiencia. Creí que habían aprendido la lección. Pero nada más lejos de la realidad.

Por otro, políticos que embarran a diario las instituciones con insultos, amenazas mafiosas y bulos, quienes, en un cinismo propio de maltratadores, cuando se pide reflexión se acusa a las víctimas de que no aguantan nada y que deben soportar los abusos de los matones repetidores que apenas leen y que ahora ocupan unos escaños que no respetan; es decir, que quien se mete en política “debe venir llorado de casa”. Evil Jordi Cruz, con unos modos a medio tiro entre Mejide y Llanos, reaccionó de forma parecida ante la renuncia de Tamara (por lo que sea, no se publica su apellido en ninguno de los artículos al respecto, así que lo desconocemos), denigrando y humillando a una persona cuya salud no pasa por su mejor momento. Y en vez de mimos, hay quien cree que es mejor machacar a quien está mal.

Así estamos. Tenemos en nuestras insticiones públicas a unos personajes que defienden la violencia psicológica, el acoso y el insulto a quienes necesitan alejarse de sus verdugos. Es preocupante escuchar al jefe de la oposición del partido más reaccionario en democracia  y a un señor que se fugó en el maletero de un coche ―mientras sus compañeros de proyecto independentista pasaban un tiempo en la cárcel por sus ideas políticas en probablemente uno de los paradigmas del Lawfare en España― señalar a las víctimas del lodo creado únicamente por dos partidos: Partido Popular y Vox. Sí esos que son incapaces de condenar la dictadura genocida de Franco y que se niegan reconocer el terrorismo machista. Por lo que sea.

A este respecto, es necesario señalar a quien es cómplice de la enorme crispación política, quien pretende convencernos de que si en una clase tres chavales insultan y provocan problemas en realidad son todos los alumnos los que convierten la escuela en una ciénaga. Es urgente señalar la impunidad que este marco les ofrece a los verdaderos culpables de esta situación cuyas consecuencias han alcanzado niveles que ponen en peligro la convivencia: recuerdan las últimas agresiones a políticos, ¿verdad?

Así que, primero: NO, no todos son iguales y NO, no todos desprestigian nuestras Cortes Generales.

Asimismo es imprescindible inhabilitar cuanto antes a los juristas que incumplen la ley, no respetan la separación de poderes haciendo política contra adversarios ―oh, casualidad, del PP― e incumplen doctrinas del Tribunal Supremo. Estos últimos tiempos cabe recordar a diario la AATS 31/05/11, 11/10/13, 15/01/14, la doctrina que señala que una denuncia con solo informaciones periodísticas no justifica abrir un proceso penal si no aporta algún indicio adicional. Ya hablamos en el anterior capítulo de este culebrón sin gracia, Togados golpistas en tu zona. Sin tarjetas ni mierdas, acerca de que las investigaciones prospectivas están prohibidas en nuestro ordenamiento jurídico.

De nuevo, volvemos a ser testigos de la consecuencia más influeyente de tanto fango: cada vez más personas se plantean dejar de ir a votar debido a la falsa sensación de que no sirve de nada y todos son iguales. Este hartago lo causa la impunidad de quienes no respetan la democracia cuando no gobiernan y la frase de abusón repetida mil veces “A la política se viene llorado de casa” que tantos aplauden.

Volvamos a Masterchef porque lo resume todo: hay quienes quieren romper la convivencia y a las personas decentes para que se marchen y abandonen. Y mientras tengan impunidad y las personas civilizadas que defendemos una vida mejor y unos cuidados de salud mental para todas sigamos retirándonos del espacio público que nos pertecene, que siempre es político, ganarán las hienas que nos quieren volver a llevar a tiempos predemocráticos, a la época dorada de La Movida, aquella tan idílica en la que nos reíamos de las mujeres maltratadas y acusábamos a la víctimas de violación de habérselo buscado.

Debemos reivindicar, en fin, que no somos sacos de boxeo y que cualquiera que legitime la violencia psicológica en la política, en los medios o en el trabajo en realidad quiere esclavos, no una sociedad democrática y libre basada en el respeto y la construcción que nos lleve al futuro, sino a la destrucción de todo lo que es bueno y a tiempos pasados que siempre fueron peores, digan que lo que digan Miguel Bosé o los Hombres G.

Libertad es respeto e igualdad de oportunidades. Libertad es poder parar un tiempo para recuperarte. Y la libertad, la que construye, está en peligro por una banda iliberal mafiosa y reaccionaria que juega a ser Ahab al tiempo que roba a la población española mientras se ríe de sus votantes a los que trata de imbéciles. Y visto lo visto, a ver si van a tener razón.

Lo único que importa ahora mismo es que protejamos nuestra democracia y nuestra convivencia. Que cuidemos a nuestra gente, nuestra salud mental y cerquemos al matonismo para fumigar y quitar la aluminosis que corroe nuestra paz social.

Y recuerden: el amor siempre acaba ganando al odio.