De Regina Camps

el mar para llegar a Europa, reciben el apoyo de trabajadores humanitarios
de la OIM. NACIONES UNIDAS
Antes de empezar, les animo a ponerse de fondo una de las excepcionales partituras de Howard Shore, Los jinetes negros, de la banda sonora de El señor de los anillos.
En OFF: «En la tierra de Mordor, en los fuegos del Monte del Destino, el señor oscuro Sauron forjó en secreto el anillo regente para controlar a todos los demás. En ese anillo descargó toda su crueldad, su malicia y su voluntad de dominar todo tipo de vida. Un anillo para gobernarlos a todos».
Cada día nos asaltan bulos racistas y alertas de amenazas. Confieso que por más que busco, cuesta encontrar artículos que los desmonten de una forma pedagógica y fácil de recordar. Así que llevo un tiempo consultando los datos reales al alcance de cualquiera y de forma muy intuitiva en el INE y los informes del CGPJ, donde se puede filtrar por sexo, nacionalidad, edad, etc. tanto de la víctima como del agresor. Asimismo se ofrece la opción de pedir ver solo los datos de un cierto tipo de delitos: violencia de género o hurtos. Lo que deseen. Los últimos datos corresponden a 2022, pero cuando comparamos los de varios años hallamos la misma proporción.
Con los datos del último registro, calculamos rápidamente que el 74,19% de los delitos los cometen españoles y el 17,30% los extranjeros mayoritariamente de piel blanca (América, Asia, UE27 y resto de Europa). Así que, con los datos reales sabemos que, de los delitos de un año, el 91,4% los han cometido los blanquitos, no los de piel oscura. Observamos una proporción parecida en delitos de VioGen (Violengia de género) y contra la libertad e indemnidad sexuales. Pueden comprobarlo por sí mismos si no me creen tras haber recibido un vídeo vía Whatsapp asustándoles con el “problema de la inmigración”.
Pero, ay, a los racistas no les convence la realidad, conceden más credibilidad a los esparcidores de bulos profesionales que muestran un vídeo de un señor armado con un machete sin decirles que es de otro país y de hace años o les mienten contándoles cuentos de terror acerca de que algunos crímenes machistas fueron perpetrados por personas de fuera o gráficas manipuladas para tergiversar y tapar la realidad, cuando con una simple búsqueda en la hemeroteca podemos desmentirlo todo en menos de 15 segundos.
Odio cargado de bulos pues la realidad no avala los prejuicios racistas con los que pretenden criminalizar a millones de personas de piel oscura, sean niños o no, deshumanizándolos para arrebatarles así los derechos que debemos salvaguardar de cualquier persona, sea como sea su piel e independientemente de su país de procedencia.
La inmigración no es un problema ni una amenaza. El verdadero problema de Europa y la UE es que se está discutiendo por si las Comunidades deben o no acoger a 35 niños desamparados; se discute si es “seguro” dejar entrar a migrantes de según qué países tras haber sobrevivido a un viaje marítimo consecuencia de unas políticas migratorias racistas que han condenado a morir a 27 845 personas desde 2014 y a un número incalculable de niños a caer en manos de la trata de personas.
Esa es la amenaza de Europa: empezar a plantear que hay seres humanos a los que se les debe arrebatar la dignidad, la seguridad, el bienestar y los derechos.

Leamos:
«Vivía junto a las márgenes del Río Grande, en los límites de las Tierras Asperas, una gente pequeña, sedentaria y diestra. Creo que eran de raza hobbit emparentados con los padres de los padres de los Fuertes, pues amaban el río y a menudo nadaban en él, o construían pequeños botes de juncos. Había entre ellos una familia de gran reputación, por ser más numerosa y más rica que la mayoría, encabezada por una abuela austera y docta en cuestiones tradicionales. El más preguntón y curioso de esa familia se llamaba Sméagol. Se interesaba en las raíces y orígenes subterráneos; se zambullía en lagos profundos, cavaba bajo los árboles y plantas y abría túneles en los montículos verdes. Un día dejó de mirar hacia arriba, a la cima de las montañas, las hojas de los árboles o las flores que se elevaban en el aire; llevaba la cabeza y los ojos vueltos siempre hacia abajo.
«Sméagol tenía un amigo, Déagol, muy parecido, aunque de mirada más aguda y no tan fuerte y rápido. En una ocasión tomaron un bote […] un pez grande picó el anzuelo y antes de darse cuenta de lo que ocurría, Déagol se vio arrastrado al agua, hasta el fondo. Se dejó llevar, porque creyó ver algo brillante allá en el fondo del río y conteniendo la respiración extendió la mano y lo alcanzó. Luego salió a la superficie, chorreando, con hierbas en los cabellos y un puñado de barro y nadó hacia la orilla. Se quitó el barro de la mano y, oh qué era aquello, un hermoso anillo de oro que brillaba y centelleaba a la luz y le alegraba el corazón. Sméagol había estado observándolo desde detrás de un árbol y mientras Déagol se deleitaba mirando el anillo, se le acercó en silencio.
«Dámelo, Déagol, mi querido», dijo Sméagol por sobre el hombro de su amigo.
«¿Por qué?»
«Porque es mi cumpleaños, querido, y lo quiero para mí», respondió Sméagol.
«No me importa», contestó Déagol. «Ya te di un regalo; más de lo que estaba a mi alcance. El anillo lo encontré yo y me lo guardaré.»
«¿De veras, querido?», dijo Sméagol y tomó a Déagol por la garganta y lo estranguló, pues el oro era brillante y hermoso. Luego se puso el Anillo en el dedo.
[..,] Sméagol volvió solo y descubrió que la familia no podía verlo, cuando tenía puesto el Anillo. El hallazgo lo entusiasmó y ocultó el Anillo empleándolo para descubrir secretos y poniendo este conocimiento al servicio de fines torcidos y maliciosos [..] el Anillo le había dado poder, de acuerdo con su talla moral […] Se acostumbró a robar y andar de aquí para allá, murmurando entre dientes y gorgoteando y por eso lo llamaron Gollum. Lo maldijeron y le ordenaron que se fuera lejos […] Gollum anduvo vagabundo. […[ Pescó en lagos profundos con dedos invisibles y se comió los pescados crudos. Un día de mucho calor, estando agachado junto a un lago sintió que algo le quemaba la nuca y que una luz deslumbrante que venía del agua le lastimaba los ojos húmedos. Se preguntó qué sería eso, pues casi se había olvidado del sol. Por última vez miró hacia arriba y lo amenazó con el puño. […] Gollum viajó […] y encontró una pequeña caverna de la que salía el arroyo sombrío. Fue abriéndose paso como un gusano hacia el corazón de las colinas y desapareció para el mundo. El Anillo bajó con él a las sombras y ni siquiera aquel que lo había fabricado, cuando recobró de nuevo el poder, pudo averiguar qué había ocurrido. […]—Gandalf suspiró: — ¡Ay! Le doy pocas esperanzas. Aunque no ninguna esperanza. No, aunque haya tenido el Anillo tanto tiempo que él mismo ya no recuerda desde cuándo. Pues no lo usaba desde hacía mucho; no lo necesitaba en la impenetrable oscuridad. Por cierto, no se ha «desvanecido». Es delgado y fuerte todavía, pero aquella cosa estaba carcomiéndose la mente y el tormento se había vuelto casi insoportable. […] no había nada más que descubrir, nada que valiera la pena, salvo sórdidas comidas furtivas y recuerdos de agravios. Se sentía completamente desdichado, odiaba la oscuridad y más aún la luz; odiaba todo, pero lo que más odiaba era el Anillo.
—¿Qué quieres decir? —dijo Frodo—. ¿No era su tesoro y lo único que le importaba de veras? Y si lo odiaba ¿por qué no se deshacía de él, o se iba, dejándolo allí?
—Tendrás que empezar a entender, Frodo, después de todo lo que has oído —respondió Gandalf —. Lo odiaba y lo amaba, como se odiaba y se amaba a sí mismo. No podía deshacerse de él, pues no era ya cuestión de voluntad.
En la influyente obra de J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos, un anillo de poder consume a la criatura Gollum ( antes un Hobbit) y envenena su mente hasta que acaba viviendo en una lúgubre caverna. Para Gollum (bautizado Smeagol) desde que se puso el anillo todo es agravio y sordidez. Exactamente igual que lo que les ocurre a quienes se colocan el anillo de la ultraderecha, del racismo, la misoginia y la homofobia: el odio les llama, les envenena la mente, les condena a vivir en una caverna y ya solo miran hacia abajo, nunca hacia arriba.
Odio. Odio. Odio.
La realidad ya no es la suya, sus ojos solo ven oscuridad y sombras de la caverna que otros inoculan a diario intoxicando su mente. Gollum es víctima del odio hasta tal punto que involuciona y se convierte en un animal, en un desPPojo. En Horizonte de caverna. En un regreso al salvaje Oeste.
En cambio, otro Hobbit, Frodo Bolsón, también encuentra el Anillo, pero esta vez no es odio lo que le inocula, sino metanfetaminas e hibris (soberbia, arrogancia, síndrome del Mesías). La degradación de este personaje bondadoso, el sobrino de Bilbo (quien nunca pudo rehabilitarse del todo, también víctima del Anillo) no le condujo a la maldad y a la oscuridad de la caverna, sino a otro tipo de infierno, aquel que destruye a familias enteras, actúa como detonante de patologías psiquiátricas, causa y consecuencia de enfermedad mental y delitos posteriores. ¿Recuerdan cuando, engañado por Gollum, Frodo entra en la cueva y cuando consigue salir de la trampa, la araña Ella-Laraña le clava el aguijón, la aguja que casi le conduce a la sobredosis? «Aquel pellejo secular de agujeros y protuberancias de podredumbre estaba protegido interiormente por capas y capas de excrecencias malignas». Frodo queda en estado catatónico. Afortunadamente, sobrevive gracias a su mejor amigo Sam Sagaz (y empleado, porque era su jardinero antes de que Frodo cayera en las drogas y fuera perseguido por El señor de la ultraderecha y su cártel).
Las víctimas de este Anillo de poder del señor de las sombras, Sauron y sus esbirros (Saruman y los orcos, casualmente todos hombres) acaban consiguiendo que el adicto pierda a su familia, ya que roba en sus casas para poder seguir colocándose el anillo. Las víctimas del anillo sufren alucinaciones, agreden y son agredidos, muchos mueren de sobredosis. Los más afortunados piden ayuda y su gente se vuelca en ayudarles y protegerles. Hablábamos ya de esto en el anterior episodio de esta serie de artículos, Lo que El señor de los anillos y Juego de Tronos nos enseñan sobre la comunidad, acerca de esa red de protección que defienden a quienes más sufren. Allí ya analizamos que el muro de protección tejido por las personas bondadosas, una sanidad pública fuerte y un Estado democrático sano, toda la población unida en comunidad permite destruir el anillo de poder.
Porque la unión de quien quiere vivir fuera de la cueva es la única barrera para sobrevivir a una pandemia mundial, para controlar el fentanilo y detener el avance de las hordas de la ultraderecha, el Anillo que consume y envenena a todo el que sucumbe a su odio, como muy bien comprobamos los jueves por la noche cuando sintonizamos Horizonte de Iker Jiménez, exbuscador de fantasmas que Un día dejó de mirar hacia arriba, a la cima de las montañas, las hojas de los árboles o las flores que se elevaban en el aire; llevaba la cabeza y los ojos vueltos siempre hacia abajo.
El anillo de poder es deshumanizar a los otros, negarse a acoger a 35 niños o declarar en una radio progresista que no vamos a regularizar a los inmigrantes solo porque el Mediterráneo sea una fosa común, repleta también de cadáveres de niños, bebés y mujeres embarazadas. Pero también es hibris, creerse el Mesías hasta acabar convertido en Grima Lengua de serpiente, el criado manipulador del poderoso Saruman (el mago cuyo poder acaba sirviendo al señor de las sombras porque el poder absoluto envilece).

Y sí, estoy hablando no solo de la ultraderecha y sus acólitos, también me refiero a los de La Movida cuyo cerebro ya solo vive en las sombras. Pero no solo. También hablo del fútbol y Pablo Iglesias. Y sí, también de Yolanda Díaz. Porque solo hay dos bandos: ser parte del problema o ser parte de la solución. Y debemos decidir rápido. Los orcos se acercan. Y ya han arrancado todos los árboles.
En OFF: «Una a una las comarcas libres de la Tierra Media fueron sometidas por el poder del anillo. Pero hubo algunos que resistieron».
